La fiebre del heno es nada menos que una rinitis alérgica. ¿Sabes por qué se la conoce con este nombre acuñado a comienzos del siglo XIX?

¿Por qué se llama fiebre del heno?

En 1819, John Bostock, médico homeópata y catedrático de las Universidades de Liverpool y Londres, explicó a sus colegas los problemas alérgicos que sufría desde pequeño durante una reunión de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Londres con estas palabras:

Los síntomas me aparecían cada año a mediados de junio. Tenía una sensación de calor y pesadez en los ojos, un ligero enrojecimiento y lagrimeo. Luego este estado se agravaba hasta que la sensación se transforma en un picor y escozor más agudos, mostrándose aquellos muy inflamados y descargando un fluido mucoso copioso y espeso. Después de que los síntomas oculares se fueron aminorando, aparecía una sensación general de pesadez en la cara y sobre la frente; dichas manifestaciones se seguían de una irritación de la nariz, produciendo estornudos, que ocurrían con una extrema violencia, sucediéndose con intervalos inciertos. A los estornudos se sumaba una sensación de opresión torácica y dificultad para respirar. Surgía una necesidad de buscar aire en la habitación para poder respirar mejor, volviéndose la voz ronca y existiendo una incapacidad para hablar de forma prolongada sin tener que pararse”.

En estos términos, Bostock contaba sus síntomas de rinitis alérgica. En 1828, publicó un trabajo con observaciones de 18 casos similares al suyo, empleando por vez primera el término fiebre del heno. Al principio, Bostock pensó que la causa de sus males eran las emanaciones que fluían de la hierba seca con la que se nutría el ganado (heno), aunque con el tiempo se ha visto que diversos pólenes pueden producir los mismos síntomas.

¿La fiebre del heno da fiebre?

En aquella época (s. XIX), el término “fiebre” se usaba para designar cualquier proceso anormal del cuerpo humano, sin implicar necesariamente la existencia de temperatura corporal elevada.

Por eso, a pesar de su nombre, la fiebre del heno no produce fiebre.

Si a los síntomas de una rinitis alérgica se suma una temperatura elevada, deberemos acudir a un médico, ya que es posible que, o bien estemos ante una patología totalmente diferente, o bien se deba a una sobreinfección, como es el caso de la rinosinusitis (ver más abajo).

¿Qué es la fiebre del heno?

El término fiebre del heno sigue utilizándose de manera coloquial para referirse a la alergia al heno o, más genéricamente, a la alergia a las gramíneas, sobre todo en el mundo anglosajón. Fue a partir de los trabajos de Bostock que surgió el interés de otros médicos por el estudio de la enfermedad que hoy se conoce como rinitis alérgica.

Actualmente, el término que se utiliza en medicina para referirse a la alergia al polen es polinosis, otra forma de referirnos a la rinoconjuntivitis o rinitis alérgica estacional o por pólenes.

Síntomas de la fiebre del heno

Tal como describió en sí mismo el Dr. John Bostock, los síntomas más habituales de la fiebre del heno o polinosis incluyen:

  • Congestión nasal
  • Rinorrea (goteo nasal, secreción nasal)
  • Picor e irritación en nariz, ojos y/o garganta
  • Estornudos en salvas
  • Tos
  • Enrojecimiento e inflamación de los ojos
  • Lagrimeo
  • Cansancio

¿Has padecido alguna vez estos síntomas? Si quieres conocer los diferentes tratamientos y formas de prevenir la fiebre del heno o rinitis alérgica, te recomendamos que leas este post sobre “Cómo aliviar la rinitis alérgica”.

¿Cómo aliviar los síntomas de la fiebre del heno?

Para aliviar los síntomas de la fiebre del heno lo más efectivo es evitar el contacto con el alérgeno causante (polen). Para ello, deberemos investigar qué pólenes son los que están causando los síntomas, como por ejemplo, el polen de gramíneas. Una vez identificados, deberemos prevenir la fiebre del heno evitando exponernos al aire libre en las épocas de polinización, sobre todo por la mañana, y usar gafas y otros elementos que nos ayuden a protegernos, como una mascarilla.

Además, puede ser buena idea eliminar los restos de polen adheridos a las mucosas mediante un buen lavado nasal y ocular. Finalmente, podemos recurrir a un tratamiento de la fiebre del heno en forma de medicamentos como los antihistamínicos y los descongestionantes, que nos ayudarán a aliviar los síntomas en los días de mayor concentración de polen y a prevenir complicaciones.

Posibles complicaciones de la fiebre del heno

Aunque la alergia al polen o fiebre del heno suele desaparecer tal como llegó al reducirse la cantidad de polen en el aire, en ocasiones puede derivar en otras patologías relacionadas, como es el caso de la sinusitis o rinosinusitis.

La sinusitis o rinosinusitis aparecen por sobreinfección de la mucosa de los senos nasales y paranasales inflamados. Al ocluirse a causa de la inflamación, las secreciones nasales no pueden drenar adecuadamente y, como consecuencia, proliferan en exceso las bacterias. Cuando esto ocurre, a los síntomas de la fiebre del heno o polinosis se suman otros síntomas derivados de esta infección:

  • Dolor de cabeza
  • Sensación de presión en la zona entre los ojos, pómulos y/o frente
  • Secreción nasal espesa
  • Taponamiento nasal
  • En ocasiones, fiebre

Otras complicaciones que puede conllevar la polinosis o rinitis alérgica es el empeoramiento de condiciones de salud previas, como el asma. Además, los síntomas de alergia al polen pueden reducir la calidad del sueño y, asimismo, la calidad de vida en general.

Por último, y especialmente en los niños, la rinitis alérgica es un factor de riesgo para el desarrollo de otitis (infección de oído). El taponamiento nasal prolongado dificulta el drenaje y aireamiento de los conductos del oído, favoreciendo el crecimiento de bacterias.

Ante la aparición de síntomas relacionados con las complicaciones de la fiebre del heno o polinosis, se debe acudir al médico. Trazar un plan terapéutico adecuado ayudará a aliviar los síntomas y prevenir mayores complicaciones.

Antonio Mimoso, Médico colegiado 54436

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Author

Num Colegiado. 54436 Col·legi de Metges de Barcelona. Diplomado en enfermería por la Universitat de Barcelona. Bellvitge. Máster en enfermería de Salut Pública y Comunitaria por la Universitat de Barcelona. Bellvitge. Grado en Medicina por la Universitat de Barcelona. MIR Medicina Familiar y Comunitaria. Barcelona

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